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El futuro de la ingeniería técnica de telecomunicación; una profesión que se defiende, no se negocia
Durante más de cuatro décadas, los Ingenieros Técnicos y Graduados en Telecomunicación (ITT/GITT) han desempeñado un papel esencial en el desarrollo tecnológico y la digitalización de España. Su trabajo ha sido el motor silencioso detrás de la expansión de la telefonía fija y móvil, la llegada de internet, la automatización de procesos industriales, la domótica, la seguridad electrónica y la conectividad global.
Sin embargo, un reciente acuerdo aprobado por el Grupo de Trabajo de Unidad de Mercado (GUM), dependiente del Ministerio de Industria, ha despertado una profunda preocupación en el sector.
El Acuerdo 23/2024, de fecha 5 de noviembre de 2024, actualiza las titulaciones habilitantes para ejercer en materia de seguridad industrial —es decir, para la redacción de proyectos, direcciones técnicas, instalaciones y mantenimientos—.
La polémica surge al constatar que las titulaciones de ingeniería técnica y grado en telecomunicación han sido excluidas o reducidas en ámbitos donde históricamente habían sido reconocidas como plenamente competentes.
Un retroceso que contradice la realidad profesional
Según explica Xavier Palacios Gubau, ingeniero técnico de telecomunicación e ingeniero técnico industrial y especialista en eficiencia energética, sostenibilidad y telecomunicaciones,
“Estamos ante un retroceso técnico y profesional que no se corresponde con la realidad ni con la trayectoria de nuestro colectivo. Los ingenieros de telecomunicación han proyectado, dirigido y certificado instalaciones tecnológicas complejas durante décadas, con resultados contrastados y avalados por jurisprudencia”.
Durante más de 40 años, los ITT y GITT han intervenido en:
Proyectos de infraestructuras comunes de telecomunicaciones (ICT) en edificios y urbanizaciones.
Sistemas de megafonía, sonido, seguridad, CCTV y redes de datos.
Instalaciones eléctricas, electrónicas y de automatización industrial.
Sistemas de detección, domótica, climatización y comunicaciones integradas.
“Esto no es una reivindicación corporativa, sino una constatación de hechos”, insiste Palacios.
“Los telecos hemos estado al frente de la digitalización y la conectividad de este país. Cuestionar ahora nuestras competencias es negar la historia reciente de la ingeniería española”.
Las competencias ya fueron reconocidas… por la justicia
El debate sobre las atribuciones de los ingenieros técnicos de telecomunicación no es nuevo.
En el pasado, varias sentencias del Tribunal Supremo y de tribunales superiores autonómicos reconocieron explícitamente la capacidad de los ITT para la redacción, dirección y certificación de proyectos en ámbitos que incluyen:
Instalaciones de telecomunicaciones, eléctricas, electrónicas y de control.
Infraestructuras tecnológicas en edificios y espacios públicos.
Sistemas regulados por reglamentos de seguridad industrial.
Estas resoluciones judiciales se apoyaron en la formación técnica acreditada, la equivalencia competencial con otras ingenierías y los principios de libre ejercicio profesional recogidos en la Ley Ómnibus (Ley 25/2009) y el Real Decreto 1837/2008.
En palabras de Palacios:
“Ya tuvimos que defender nuestras competencias ante los tribunales… y ganamos. Que hoy volvamos a estar en esta situación demuestra una preocupante falta de coherencia institucional.”
Un acuerdo que distorsiona el mapa competencial
El punto cuarto del nuevo Acuerdo 23/2024 establece que solo las titulaciones “habilitantes para una profesión regulada concreta” podrán firmar, dirigir o asumir responsabilidades técnicas en los reglamentos de seguridad industrial.
Sin embargo, la tabla que acompaña al documento no incluye a los ingenieros técnicos o graduados en telecomunicación en varios de los ámbitos donde sí deberían figurar.
El resultado, según Palacios, es una paradoja absurda:
“En algunos casos, un ingeniero agrónomo o químico aparece con más atribuciones en telecomunicaciones que un ingeniero de telecomunicación. Y lo más grave es que a muchos de ellos se les reconoce competencia en ámbitos en los que nunca han cursado una sola asignatura.”
Esta situación genera, en palabras del ingeniero, “una distorsión entre la competencia técnica real y el reconocimiento administrativo”, lo que a su juicio erosiona la credibilidad del sistema y crea inseguridad jurídica tanto para los profesionales como para las empresas.
Silencio institucional: una oportunidad perdida
Uno de los aspectos más criticados por Palacios es la ausencia de respuesta pública por parte del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos de Telecomunicación (COITT).
Desde la aprobación del acuerdo, no se ha emitido ningún comunicado, ni informe técnico, ni acción de defensa visible del colectivo.
“El silencio no puede interpretarse como prudencia. Es una renuncia al liderazgo”, afirma.
“Mientras otros colegios profesionales han reaccionado rápidamente, el nuestro ha optado por mirar hacia otro lado. Y eso es especialmente grave cuando lo que está en juego es la identidad y el futuro de nuestra profesión.”
Lo que está en juego
Más allá de las atribuciones formales, Palacios advierte que la situación compromete la credibilidad y el valor de una titulación que ha sido clave en la modernización tecnológica del país.
A su juicio, ignorar el papel de los ingenieros de telecomunicación es un error estratégico.
“No se trata de defender un título, sino de proteger la calidad, la seguridad y la innovación. No reconocer las competencias de quienes llevan décadas garantizando la conectividad, la eficiencia y la seguridad tecnológica es un riesgo para todos.”
El ingeniero insiste en que el debate no debe quedarse dentro del colectivo:
“Ha llegado el momento de abrir el debate que nunca se quiso abrir:
¿Queremos un modelo de ingeniería basado en la competencia técnica o en la burocracia?
¿Por qué seguimos sin una defensa institucional firme?
¿Hasta cuándo tendremos que demostrar lo que ya hemos demostrado en tribunales y en la práctica diaria?”
Conclusión
Xavier Palacios concluye con una idea clara:
“El futuro de nuestra profesión no se negocia. Se defiende.
La voz, el conocimiento y la unión profesional nos fortalecen.
Defender la ingeniería técnica de telecomunicación no es un capricho: es una necesidad de país.”
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